Roberto Hernández Montoya: ¿Hasta dónde llegar?

Roberto Hernández Montoya, opinión

Toda revolución encara el dilema Robespierre-Danton, Trotsky-Stalin, Escila-Caribdis; “Los peligros y los principios” que decía el Che en su carta de despedida a Fidel (http://j.mp/15iSz9h).

La humanidad en general suele confrontar ese tipo de disyuntivas, querellas recurrentes como la de antiguos y modernos, correr o encaramarse, estar en tres y dos. No, casi nunca es fácil y sea cual sea la opción que se asuma siempre queda la espinita de si la otra hubiese sido mejor.

En la tragedia Danton, de Andrzej Wajda, el avieso Danton le explica al Incorruptible Robespierre que lo que la gente quiere es comer, holgar, follar, no las abstracciones que exigía Robespierre. Le pone la cabeza en el pecho a Robespierre y la mano de este sobre su cuello y dice: “Cuando me mandes a la guillotina, éste es el cuello concreto que vas a cortar, no una cabeza abstracta”. En las reuniones de Buró Político, Trotsky se ponía a leer novelas francesas para provocar al ignorante y monolingüe Stalin, quien presidía.

Hay quien llama socialdemócrata a Maduro porque no nacionaliza todas las empresas privadas de un solo guamazo. Siempre he fantaseado que alguien sabe cómo se hacen las revoluciones de un solo leñazo, varita mágica que de un solo chispazo crea el reino de la abundancia y la libertad, sin Estado ni Dios ni ejército ni propiedad privada y, como en la canción El día que me quieras, “florecerá la vida, no existirá el dolor”.

O como en el poema Habladurías, de Manuel Rodríguez Cárdenas: “Dicen que hay una sierra de pan tostao/donde el maíz que se siembra/nace cargao”, etc. Arcadia, El Paraíso, El País de Cucaña o Jauja, El Dorado, El País de la Canela, la Civitas Dei o Ciudad de Dios, Utopía, etc. De cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad. Si alguien sabe cómo se llega al comunismo de un solo lagañazo, favor decirlo y no seguir con el sadismo de callar viendo cómo nos deslomamos buscando.

Fidel dice que uno de sus errores fue creer que había un manual de cómo hacer el socialismo. No hay. El socialismo, decía Mariátegui, debe ser creación heroica porque o inventamos o erramos.

Lo peor que tiene este dilema es que la salida depende de nosotros. Lo mejor que tiene este dilema es que la salida depende de nosotros.


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